Llevaba tiempo queriendo escribir sobre Foursquare, una de mis aplicaciones favoritas, desde que decidieron escindirla en dos aplicaciones separadas (Swarm y Foursquare) merced a un cambio en su modelo de negocio. En los últimos días, y sobre todo tras el anuncio de la nueva Foursquare, las reacciones en la blogosfera se han multiplicado, así que aquí no vamos a ser menos.

Un Poco de Historia

Foursquare es una red social en la que podemos hacer check-in en lugares cercanos a nuestra posición, añadiendo opcionalmente un comentario y/o una fotografía.

Los orígenes de Foursquare se remontan al año 2000, cuando Dennis Crowley y Alex Rainert presentan Dodgeball como su proyecto final de carrera en la Universidad de Nueva York. Dodgeball era en esencia un Foursquare en los tiempos en los que los teléfonos móviles distaban mucho de ser inteligentes (de llevar GPS incorporado, mejor ni hablamos), y que funcionaba mediante el envío de mensajes SMS que especificaban nuestra posición. A partir de dichos mensajes SMS, Dodgeball enviaría notificaciones sobre amigos y lugares de interés cercanos. Nos suena de algo, ¿no?.

Dodgeball fue ganando popularidad poco a poco, llegando incluso a llamar la atención de Google, que la adquiriría en 2005. Como viene siendo costumbre en la compañía de la ge azul, Dodgeball sería cerrada en 2009 y sustituida por Google Latitude, que a su vez, y como no podía ser de otra manera, también fue clausurado en agosto de 2013.

Como bien explica Enrique Dans en su artículo La extraña evolución de Foursquare, los intereses 1 de Google no iban parejos a los del equipo fundador de Dodgeball:

El interés de Google para la adquisición se centraba en el mapeo de las entonces nacientes redes sociales con el mundo físico y en el desarrollo de las plataformas móviles, pero no con el interés de invertir en la popularización de Dodgeball, sino para aprovechar sus características en otros productos. Consecuentemente, Google arrinconó la naciente compañía en un pasillo remoto en lo que sus fundadores definieron como una experiencia completamente frustrante, y utilizó parte de sus características para construir Google Latitude, que terminó eliminando en el año 2013 para añadirlo como una función en Google+.

Pero volviendo a la historia de Foursquare, y debido a lo anteriormente comentado, Dennis Crowley abandonaría Google en 20072 y junto a Naveen Selvadurai pondrían en marcha la idea de clonar Dodgeball, pero adaptándolo a la era de los smartphone. Así, en marzo de 2009, vería la luz Foursquare.

El Éxito de la Gamificación

Si nos preguntasen por un ejemplo de gamificación, estoy seguro que a muchos de nosotros lo primero que nos vendría a la cabeza sería Foursquare3, ya que parte de su gran éxito ha residido en la mencionada técnica.

Sin duda alguna, la idea de sumar puntos en cada check-in para así formar parte de una tabla de clasificación con tus amigos, la consecución de insignias (badges) por realizar un check-in en ciertas circunstancias o un número determinado de veces, y el concepto de alcaldías (mayorships) era todo un aliciente para motivar a sus usuarios a que siguiéramos haciendo uso de su servicio. Particularmente, nada me gustaba más que poder quitarle la alcaldía a algún extraño, especialmente durante mis viajes de trabajo por el extranjero.

Pero no todo era jugar. En las sucesivas actualizaciones de Foursquare se fueron añadiendo funcionalidades como las listas de sitios a visitar, los consejos o tips en los lugares (algo francamente útil para elegir entre un local u otro, o para encontrar el Wi-Fi o los enchufes gratis en el aeropuerto, etc.), las ofertas por hacer check-in en ciertos lugares, o la opción de explorar a nuestro alrededor mediante filtros como el tipo de comida, la popularidad o la nota media de los usuarios. Esta vertiente a lo Yelp o TripAdvisor fue mejorando a la vez que el servicio se hacía popular. Y es que precisamente por esta popularidad, Foursquare no tenía nada que envidiar a sus competidores, pues la cantidad de consejos así como su variedad era/es bastante mayor4.

Por lo tanto, al menos en lo que a adopción se trata, todo iba viento en popa. Tras unos inicios en los que su popularidad fuera de USA era residual (en 2010 lo usábamos cuatro gatos en España, por ejemplo), ésta fue creciendo paulatinamente por el resto del mundo, llegando a cotas de uso realmente altas en el resto del mundo (en Rumanía, por ejemplo, el año pasado lo usaba todo el mundo). La cantidad de aplicaciones que se integraban con Foursquare no hacía más que crecer, al igual que su base de usuarios.

Sin embargo, parece ser que la monetización del servicio no era todo lo suficientemente buena y su modelo de negocio no acababa de cuajar, a la vez que, en los últimos tiempos, algunos usuarios empezaban a aburrirse de la aplicación y su sistema de gamificación.

La Reinvención de la Rueda

Así que, si empezamos a perder usuarios5 y no conseguimos rentabilizar el servicio, ¿qué podemos hacer?

Respuesta: poner todo patas arriba.

Y es que eso es lo que da la impresión que está haciendo Foursquare, en contra de la vieja máxima ingenieril de “si funciona, no lo toques”.

El pasado mayo, Foursquare anunciaba la escisión, cual célula eucariota, de su aplicación en dos: Swarm y la ya conocida Foursquare.

La idea consistía en pasar las funcionalidades relacionadas con su faceta de red social (check-ins, etc.) a Swarm y dejar el resto de características (consejos, explorar, etc.) en la aplicación clásica, estando ambas intercomunicadas entre sí. Hasta ahí, todo bien, aunque en principio no tenía mucha lógica.

Pero junto a la mencionada separación, iba también aparejada la desaparición de prácticamente todos los aspectos de gamificación tal y como los conocíamos. Adiós a los puntos y tablas, las insignias eran reemplazadas por unas insípidas pegatinas que podemos usar a la hora de hacer check-in y el sistema de alcaldías era completamente remodelado, de manera que ahora tan sólo podemos competir con nuestros amigos. Así, y de un plumazo, Foursquare acababa de borrar del mapa sus rasgos más característicos, en un intento de reinvención de la rueda nada afortunado.

Si a esto le sumamos que el número de taps para hacer checkin se ve aumentado en Swarm, que la nueva interfaz es de todo menos intuitiva, que la estabilidad no ha sido todo lo buena que cabría esperar en una aplicación de esta solera, o el hecho de tener que estar dando saltos entre una aplicación y otra para hacer cosas que antes se podían hacer dentro de una misma app, pues el resultado no puede ser otro que el desastre.

Ya desde la presentación de Swarm el recelo de usuarios y blogs por igual no se hizo de esperar. Sirva como muestra este artículo de AppAdvice en el que se preguntan si iba a ser Swarm capaz de sustituir a la vieja Foursquare, y en el que su redactora, como usuaria asidua del servicio, deja claro que el cambio no le ha entusiasmado:

Como usuaria desde hace mucho tiempo de Foursquare, creo que diríais que no estoy muy contenta con los cambios que trae Swarm. No me gusta el hecho de tener ahora dos apps instaladas en mi dispositivo para hacer algo que antes hacía una sola app, y no entiendo realmente porque Foursquare necesitaba separarse en dos aplicaciones específicas.

Adiós Foursquare

Cuando uno se empeña en rizar el rizo, en hacer experimentos con gaseosa o en tocar algo que ya funciona solito, pues acaba pasando lo que tiene que pasar. En el caso de Foursquare, pues que el número de usuarios que le está dando la espalda es ingente y su tendencia al alza.

Esta misma semana, y tan sólo un día antes de la presentación de la nueva imagen corporativa de Foursquare6 (algo que parece estar de moda últimamente, véase Airbnb), leía en Medium la carta de ruptura de David E. Weekly con Foursquare, titulada Querida Foursquare:

Oh, Foursquare.
Estamos rompiendo. No es por mí. Es por ti.
[…]
Instalé a regañadientes Swarm.
Pero entonces Swarm apestaba. Hacía crash. Todo. El. Tiempo. En iOS. En Android. Introdujo pasos extra antes de hacer checkin, persuadiéndome por la fuerza a decir algo ingenioso o adjuntar una fotografía. Era lenta. Se colgaba. Consumía montones de datos. Y yo no podía dar marcha atrás. Bueno, al menos la mayoría de las veces. Una vez cada luna azul, cuando los dioses de tus guardianes místicos lo permitían, podía robar una cita con la vieja Foursquare y hacer con éxito checkin en algún lugar. Pero la mayoría del tiempo recibía el bizarro mensaje: “No puedes hacer check in a través de Foursquare. Debes usar Swarm”. Un producto que se negaba a sabiendas a cumplir su cometido. Un lapicero que no quería escribir.

Y la verdad, no puedo estar más de acuerdo7. Foursquare se está convirtiendo en un sinsentido tal, que recientemente he visto como mi uso de él es apenas testimonial, cuando se podría decir que yo era un usuario hardcore de su servicio.

Ya lo dejé entrever en la entrada sobre mi pantalla de inicio de este mes8, y, a la vista de que la dirección que está tomando Foursquare no indica que vayan a tirar de freno de mano ni a cambiar de rumbo, creo que, muy a mi pesar, no me queda otra que despedirme de ella.

Adiós Foursquare. No es por mí. Es por ti.

  1. Y su cortedad de miras, diría yo.

  2. Año del debut del iPhone, para situarnos en el contexto.

  3. O tal vez Nike+.

  4. Yelp apenas ha triunfado por estos lares. Y TripAdvisor puede que supere a Foursquare en lo que son valoraciones de hoteles, en el resto no.

  5. No me cabe la menor duda de que en mercados maduros como USA esto ha sido así, pero me cuesta creer que esa pérdida haya sido mayor que la ganancia de usuarios en otros países como China, India, etc., donde el acceso a los smartphone está empezando a explotar en los últimos años.

  6. Es tal el despropósito que no me dignaré ni a comentarlo. ¿De verdad hacía falta?

  7. De hecho me siento identificado con lo de los aeropuertos. Lo he hecho bastantes veces.

  8. Sí, amenazo con escribir una cada mes.